miércoles, 24 de junio de 2015
Campaña contra la corrupción en China y el compromiso del PCCh con el Estado de derecho (24 Jun 2015)
De la Comuna de París a la República Popular China: Ejemplos de Estado Proletario.-
Condenan a alto dirigente chino a cadena perpetua.
(24 Junio 2015)
La noticia del juicio a Zhou Yongkang ya había producido sus efectos en la prensa nacional china, prensa internacional y en los medios publicitarios occidentales, y es que, no era para menos, era un alto dirigente del Partido y del Estado, electo desde un organismo de base de los mismos, miembro del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), y por lo tanto con la responsabilidad en uno de los siete cargos más importantes de la República Popular China.
Los plumíferos reaccionarios de los medios publicitarios del imperialismo, incluidos los trotskistas, y principalmente ellos, se llenaron la boca vilipendiando los "efectos del capitalismo desenfrenado" en China, denigrando cínicamente la real situación existente en la República Popular. Pero pronto callaron pues la denuncia del caso había sido hecha por el propio PCCh y el desarrollo del juicio a cargo de los tribunales públicos cuidados por el más estricto cumplimiento de la ley; pues, hay que hacer la distinsión, la investigación del Comité de Disciplina del Partido es el nivel interno que detrerminó su expulsión del mismo, y el proceso del Tribunal el juicio ejemplar y la sentencia para conocimiento de la población y el país.
Este ejemplo nos lleva a hacer una revisión del surgimiento y desarrollo histórico del carácter de clase del primer Estado proletario en la Historia, la Comuna de París, y de la situación y condiciones en que los representantes del mismo asumen sus funciones y responsabilidades.
En la "Inroducción" de Federico Engels de 1891 a "La Guerra Civil en Francia" de C. Marx, por el 20º Aniversario de la Comuna de París, se puede leer la descripción sucinta de las características en ella del nuevo tipo de Estado -en contraposición con los hasta entonces existentes- que se formaba, el Estado proletario, y de los órganos de este Estado:
"La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recien conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento. ¿Cuáles eran las características del Estado hasta entonces? En un principio, por medio de la simple división del trabajo, la sociedad se creó los órganos especiales destinados a velar por sus intereses comunes. Pero, a la larga, estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella. Esto puede verse, por ejemplo, no sólo en las monarquías hereditarias, sino también el las repúblicas democráticas. No hay ningún país en que los "políticos" formen un sector más poderoso y más separado de la nación que en Norteamérica. Aquí cada uno de los dos grandes partidos que alternan en el Gobierno está a su vez gobernado por gentes que hacen de la política un negocio, que especulan con las actas de diputado de las asambleas legislativas de la Unión y de los distintos Estados federados, o que viven de la agitación en favor de su partido y son retribuidos con cargos cuando éste triunfa. Es sabido que los norteamericanos llevan treinta años esforzándose por sacudir este yugo, que ha llegado a ser insoportable, y que, a pesar de todo, se hunden cada vez más en este pantano de corrupción. Y es precisamente en Norteamérica donde podemos ver mejor cómo progresa esta independización del estado frente a la sociedad, de la que originalmente debía ser un simple instrumento. Aquí no hay dinastía, ni nobleza, ni ejército permanente -fuera del puñado de hombres que montan la guardia contra los indios-, ni burocracia con cargos permanentes o derechos pasivos. Y, sin embargo, en Norteamérica nos encontramos con dos grandes cuadrillas de especuladores políticos que alternativamente se posesionan del poder estatal y lo explotan por los medios y para los fines más corrompidos; y la nación es impotente frente a estos dos grandes cártels de políticos, pretendidos servidores suyos, pero que, en realidad, la dominan y la saquean.
Contra esta transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad en señores de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores. El sueldo máximo abonado por la Comuna era de 6,000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y la caza de cargos, y ésto sin contar con los mandatos imperativos que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a los cuerpos representativos."
Y es que Carlos Marx el la obra citada describía la trascendencia de lo que la Comuna señalaba:
"Los funcionarios judiciales debían perder aquella fingida independencia que sólo había servido para disfrazar su abyecta sumisión a los sucesivos gobiernos, ante los cuales iban prestando y violando sucesivamente, el juramento de fidelidad. Igual que los demás funcionarios públicos, los magistrados y los jueces habían de ser funcionarios electivos, responsables y revocables."
"Como es lógico, la Comuna de París había de servir de modelo a todos los grandes centros industriales de Francia. Una vez establecido en París y en los centros secundarios el régimen de la Comuna, el antiguo Gobierno centralizado tendría que dejar paso también en provincias al Gobierno de los productores por los productores. En el breve esbozo de organización nacional que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar, se dice claramente que la Comuna habría de ser la forma política que revistiese hasta la aldea más pequeña del país y que en los distritos rurales el ejército permanente habría de ser reemplazado por una milicia popular, con un plazo de servicio extrordinariamente corto. Las comunas rurales de cada distrito administrarían sus asuntos colectivos por medio de una asamblea de delegados en la capital del distrito correspondiente y estas asambleas, a su vez, enviarían diputados a la Asamblea Nacional de Delegados de París, entendiéndose que todos los delegados serían revocables en todo momento y se hallarían obligados por el mandato imperatico (instrucciones) de sus electores. Las pocas, pero importantes funciones que aún quedarían para un Gobierno central no se suprimirían, como se había dicho, falseando de intento la verdad, sino que serían desempeñadas por agentes comunales y, por tanto, estrictamente responsables. No se trataba de destruir la unidad de la nación, sino por el contrario, de organizarla mediante un régimen comunal, convirtiéndola en una realidad al destruir el poder del Estado, que pretendía ser la encarnación de aquella unidad, independiente y situado por encima de la nación misma, en cuyo cuerpo no era más que una excrecencia parasitaria. Mientras que los órganos puramente represivos del viejo poder estatal habían de ser amputados, sus funciones legítimas habían de ser arrancadas a una autoridad que usurpaba una posición preeminente sobre la sociedad misma, para restiruirla a los servidores responsables de esta sociedad. En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patronos que buscan obreros y administradores para sus negocios. Y es bien sabido que lo mismo las compañías que los particulares, cuando se trata de negocios saben generalmente colocar a cada hombre en el puesto que le corresponde y, si alguna vez se equivocan, reparar su error con presteza. Por otra parte, nada podía ser más ajeno al espíritu de la Comuna que sustituir el sufragio universal por una investidura jerárquica."
Ésto también se dió en el segundo Estado proletario de la Historia. En la Revolución Rusa de Octubre de 1917, del II Congreso de los Soviets de toda Rusia -representantes responsables electos de los soviets de base de campesinos, obreros y soldados- salió el primer Gobierno Soviético, el Consejo de Comisarios del Pueblo, formado en su totalidad por bolcheviques. Para presidirlo, fue designado Lenin.
Para consolidar el Poder Soviético, era necesario destrozar, romper el antiguo aparato del Estado burgués parasitario y sustituirlo por el nuevo aparato del Estado Soviético de representantes responsables. Era necesario, asimismo, destruir los restos del régimen jerárquico de castas y de opresión nacional, abolir los privilegios de la Iglesia, acabar con la prensa contrarrevolucionaria y con las organizaciones contrarrevolucionarias de todo género, tanto legales como ilegales, y disolver la Asamblea Constituyente burguesa.
Así fué roto y liquidado el sabotaje de los funcionarios de los viejos ministerios, organizados por los socialrevolucionarios y mencheviques. Fueron suprimidos los ministerios, creándose, para sustituirlos aparatos soviéticos de administración y los correspondientes Comisariados del Pueblo. Con el fin de liquidar definitivamente los residuos del feudalismo, del régimen de castas y de la desigualdad de derechos en todos los órdenes de la vida social, se dieron una serie de decretos aboliendo los privilegios jerárquicos de casta, suprimiendo las restricciones nacionales y religiosas, separando la Iglecia del Estado y la escuela de la Iglesia y concediendo igualdad de derechos a las mujeres y a las diversas nacionalidades de Rusia, desarrollando ampliamente la organización del Estado Soviético -el Estado proletario- con su sistema de representantes responsables ante sus organismos de base, los soviets y comités de Partido.
En el Estado soviético ésto perduró y se fortaleció a lo largo de casi cuarenta años: En la guerra civil, la intervención extranjera, en la restauración de la economía, la industrialización socialista, la colectivización de la agricultura, la edificación socialista, y toda la Gran Guerra Patria (II GM).
Fué la traición del golpe de Estado del XX Congreso del PCUS la que rompió la organización del Estado proletario de la Unión Soviética al sustituir la elección de los representante responsables reemplazándola por la investidura jerárquica de la camarilla jruschovista. La vieja guardia bolchevique con Molotov a la cabeza fue destituida de todos los cargos que por elección le correspondían y perseguida criminal y tenazmente. El Estado socialfascista que surgió se hundió en sus propias contradicciones en algo más de treinta años.
La Revolución China desde su inicio en los años veinte del siglo pasado en las zonas agrarias y ciudades en donde constituyó el poder estatal estableció la organización y estructura del Estado proletario, el tercer Estado proletario en la Historia.
En nuestro artículo sobre la Organización Popular de China decíamos lo siguiente:
"Para comienzos de la década del 20 ya existe el Partido Comunista y es el más influyente en el movimiento de masas de la población. La organización popular principalmente campesina dirigida por el Partido Comunista de China data de mediados del veinte del siglo pasado y ya tenía en su seno una población de varios millones en los numerosos "soviets regionales" con su base central en la región del suroeste cuando se produce la campaña contrarrevolucionaria "anticomunista". Desde entonces existen las Asambleas populares como organización de la población que promueve el Partido Comunista como forma de poder popular para desarrollar la revolución en todo China."
Con el triunfo, en la Guerra Antijaponesa y en la Guerra civil, se funda la República Popular China que constituye a la Asamblea Popular Nacional como el máximo órgano legislativo del país que tiene como base organizativa el sistema de asambleas populares con los representantes responsables por elección de sufragio universal en las bases. El Partido Comunista de China está indisolublemente unido a la organización de la República Popular China; sus miembros todos pertenecen a una organización de base y por lo tanto responden no sólo a la función que asumen en los órganos superiores sino que primeramente y siempre a ése su organo de base.
Los miembros del Partido Comunista de China, como todo comunista, guardan fidelidad a los intereses generales de la clase obrera y a los principios y línea marxista-leninista establecidos por el Partido. Hoy ésto se remarca con la campaña contra la corrupción en el país y el compromiso de los dirigentes con el Estado de derecho. El caso de Zhou Yongkang no es el primero ni será el último pero servirá para intensificar la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento del Partido y de la nación china, y un ejemplo vívido para los pueblos y países del mundo de cómo el Estado Proletario, y solamente él, llevará a la Humanidad a un futuro libre de toda explotación y engaño.
Condenan a alto dirigente chino a cadena perpetua.
(24 Junio 2015)
La noticia del juicio a Zhou Yongkang ya había producido sus efectos en la prensa nacional china, prensa internacional y en los medios publicitarios occidentales, y es que, no era para menos, era un alto dirigente del Partido y del Estado, electo desde un organismo de base de los mismos, miembro del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), y por lo tanto con la responsabilidad en uno de los siete cargos más importantes de la República Popular China.
Los plumíferos reaccionarios de los medios publicitarios del imperialismo, incluidos los trotskistas, y principalmente ellos, se llenaron la boca vilipendiando los "efectos del capitalismo desenfrenado" en China, denigrando cínicamente la real situación existente en la República Popular. Pero pronto callaron pues la denuncia del caso había sido hecha por el propio PCCh y el desarrollo del juicio a cargo de los tribunales públicos cuidados por el más estricto cumplimiento de la ley; pues, hay que hacer la distinsión, la investigación del Comité de Disciplina del Partido es el nivel interno que detrerminó su expulsión del mismo, y el proceso del Tribunal el juicio ejemplar y la sentencia para conocimiento de la población y el país.
Este ejemplo nos lleva a hacer una revisión del surgimiento y desarrollo histórico del carácter de clase del primer Estado proletario en la Historia, la Comuna de París, y de la situación y condiciones en que los representantes del mismo asumen sus funciones y responsabilidades.
En la "Inroducción" de Federico Engels de 1891 a "La Guerra Civil en Francia" de C. Marx, por el 20º Aniversario de la Comuna de París, se puede leer la descripción sucinta de las características en ella del nuevo tipo de Estado -en contraposición con los hasta entonces existentes- que se formaba, el Estado proletario, y de los órganos de este Estado:
"La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recien conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento. ¿Cuáles eran las características del Estado hasta entonces? En un principio, por medio de la simple división del trabajo, la sociedad se creó los órganos especiales destinados a velar por sus intereses comunes. Pero, a la larga, estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella. Esto puede verse, por ejemplo, no sólo en las monarquías hereditarias, sino también el las repúblicas democráticas. No hay ningún país en que los "políticos" formen un sector más poderoso y más separado de la nación que en Norteamérica. Aquí cada uno de los dos grandes partidos que alternan en el Gobierno está a su vez gobernado por gentes que hacen de la política un negocio, que especulan con las actas de diputado de las asambleas legislativas de la Unión y de los distintos Estados federados, o que viven de la agitación en favor de su partido y son retribuidos con cargos cuando éste triunfa. Es sabido que los norteamericanos llevan treinta años esforzándose por sacudir este yugo, que ha llegado a ser insoportable, y que, a pesar de todo, se hunden cada vez más en este pantano de corrupción. Y es precisamente en Norteamérica donde podemos ver mejor cómo progresa esta independización del estado frente a la sociedad, de la que originalmente debía ser un simple instrumento. Aquí no hay dinastía, ni nobleza, ni ejército permanente -fuera del puñado de hombres que montan la guardia contra los indios-, ni burocracia con cargos permanentes o derechos pasivos. Y, sin embargo, en Norteamérica nos encontramos con dos grandes cuadrillas de especuladores políticos que alternativamente se posesionan del poder estatal y lo explotan por los medios y para los fines más corrompidos; y la nación es impotente frente a estos dos grandes cártels de políticos, pretendidos servidores suyos, pero que, en realidad, la dominan y la saquean.
Contra esta transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad en señores de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores. El sueldo máximo abonado por la Comuna era de 6,000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y la caza de cargos, y ésto sin contar con los mandatos imperativos que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a los cuerpos representativos."
Y es que Carlos Marx el la obra citada describía la trascendencia de lo que la Comuna señalaba:
"Los funcionarios judiciales debían perder aquella fingida independencia que sólo había servido para disfrazar su abyecta sumisión a los sucesivos gobiernos, ante los cuales iban prestando y violando sucesivamente, el juramento de fidelidad. Igual que los demás funcionarios públicos, los magistrados y los jueces habían de ser funcionarios electivos, responsables y revocables."
"Como es lógico, la Comuna de París había de servir de modelo a todos los grandes centros industriales de Francia. Una vez establecido en París y en los centros secundarios el régimen de la Comuna, el antiguo Gobierno centralizado tendría que dejar paso también en provincias al Gobierno de los productores por los productores. En el breve esbozo de organización nacional que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar, se dice claramente que la Comuna habría de ser la forma política que revistiese hasta la aldea más pequeña del país y que en los distritos rurales el ejército permanente habría de ser reemplazado por una milicia popular, con un plazo de servicio extrordinariamente corto. Las comunas rurales de cada distrito administrarían sus asuntos colectivos por medio de una asamblea de delegados en la capital del distrito correspondiente y estas asambleas, a su vez, enviarían diputados a la Asamblea Nacional de Delegados de París, entendiéndose que todos los delegados serían revocables en todo momento y se hallarían obligados por el mandato imperatico (instrucciones) de sus electores. Las pocas, pero importantes funciones que aún quedarían para un Gobierno central no se suprimirían, como se había dicho, falseando de intento la verdad, sino que serían desempeñadas por agentes comunales y, por tanto, estrictamente responsables. No se trataba de destruir la unidad de la nación, sino por el contrario, de organizarla mediante un régimen comunal, convirtiéndola en una realidad al destruir el poder del Estado, que pretendía ser la encarnación de aquella unidad, independiente y situado por encima de la nación misma, en cuyo cuerpo no era más que una excrecencia parasitaria. Mientras que los órganos puramente represivos del viejo poder estatal habían de ser amputados, sus funciones legítimas habían de ser arrancadas a una autoridad que usurpaba una posición preeminente sobre la sociedad misma, para restiruirla a los servidores responsables de esta sociedad. En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patronos que buscan obreros y administradores para sus negocios. Y es bien sabido que lo mismo las compañías que los particulares, cuando se trata de negocios saben generalmente colocar a cada hombre en el puesto que le corresponde y, si alguna vez se equivocan, reparar su error con presteza. Por otra parte, nada podía ser más ajeno al espíritu de la Comuna que sustituir el sufragio universal por una investidura jerárquica."
Ésto también se dió en el segundo Estado proletario de la Historia. En la Revolución Rusa de Octubre de 1917, del II Congreso de los Soviets de toda Rusia -representantes responsables electos de los soviets de base de campesinos, obreros y soldados- salió el primer Gobierno Soviético, el Consejo de Comisarios del Pueblo, formado en su totalidad por bolcheviques. Para presidirlo, fue designado Lenin.
Para consolidar el Poder Soviético, era necesario destrozar, romper el antiguo aparato del Estado burgués parasitario y sustituirlo por el nuevo aparato del Estado Soviético de representantes responsables. Era necesario, asimismo, destruir los restos del régimen jerárquico de castas y de opresión nacional, abolir los privilegios de la Iglesia, acabar con la prensa contrarrevolucionaria y con las organizaciones contrarrevolucionarias de todo género, tanto legales como ilegales, y disolver la Asamblea Constituyente burguesa.
Así fué roto y liquidado el sabotaje de los funcionarios de los viejos ministerios, organizados por los socialrevolucionarios y mencheviques. Fueron suprimidos los ministerios, creándose, para sustituirlos aparatos soviéticos de administración y los correspondientes Comisariados del Pueblo. Con el fin de liquidar definitivamente los residuos del feudalismo, del régimen de castas y de la desigualdad de derechos en todos los órdenes de la vida social, se dieron una serie de decretos aboliendo los privilegios jerárquicos de casta, suprimiendo las restricciones nacionales y religiosas, separando la Iglecia del Estado y la escuela de la Iglesia y concediendo igualdad de derechos a las mujeres y a las diversas nacionalidades de Rusia, desarrollando ampliamente la organización del Estado Soviético -el Estado proletario- con su sistema de representantes responsables ante sus organismos de base, los soviets y comités de Partido.
En el Estado soviético ésto perduró y se fortaleció a lo largo de casi cuarenta años: En la guerra civil, la intervención extranjera, en la restauración de la economía, la industrialización socialista, la colectivización de la agricultura, la edificación socialista, y toda la Gran Guerra Patria (II GM).
Fué la traición del golpe de Estado del XX Congreso del PCUS la que rompió la organización del Estado proletario de la Unión Soviética al sustituir la elección de los representante responsables reemplazándola por la investidura jerárquica de la camarilla jruschovista. La vieja guardia bolchevique con Molotov a la cabeza fue destituida de todos los cargos que por elección le correspondían y perseguida criminal y tenazmente. El Estado socialfascista que surgió se hundió en sus propias contradicciones en algo más de treinta años.
La Revolución China desde su inicio en los años veinte del siglo pasado en las zonas agrarias y ciudades en donde constituyó el poder estatal estableció la organización y estructura del Estado proletario, el tercer Estado proletario en la Historia.
En nuestro artículo sobre la Organización Popular de China decíamos lo siguiente:
"Para comienzos de la década del 20 ya existe el Partido Comunista y es el más influyente en el movimiento de masas de la población. La organización popular principalmente campesina dirigida por el Partido Comunista de China data de mediados del veinte del siglo pasado y ya tenía en su seno una población de varios millones en los numerosos "soviets regionales" con su base central en la región del suroeste cuando se produce la campaña contrarrevolucionaria "anticomunista". Desde entonces existen las Asambleas populares como organización de la población que promueve el Partido Comunista como forma de poder popular para desarrollar la revolución en todo China."
Con el triunfo, en la Guerra Antijaponesa y en la Guerra civil, se funda la República Popular China que constituye a la Asamblea Popular Nacional como el máximo órgano legislativo del país que tiene como base organizativa el sistema de asambleas populares con los representantes responsables por elección de sufragio universal en las bases. El Partido Comunista de China está indisolublemente unido a la organización de la República Popular China; sus miembros todos pertenecen a una organización de base y por lo tanto responden no sólo a la función que asumen en los órganos superiores sino que primeramente y siempre a ése su organo de base.
Los miembros del Partido Comunista de China, como todo comunista, guardan fidelidad a los intereses generales de la clase obrera y a los principios y línea marxista-leninista establecidos por el Partido. Hoy ésto se remarca con la campaña contra la corrupción en el país y el compromiso de los dirigentes con el Estado de derecho. El caso de Zhou Yongkang no es el primero ni será el último pero servirá para intensificar la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento del Partido y de la nación china, y un ejemplo vívido para los pueblos y países del mundo de cómo el Estado Proletario, y solamente él, llevará a la Humanidad a un futuro libre de toda explotación y engaño.
Sudáfrica ha decidido dejar la renovación automática de los acuerdos de inversión que firmó a principios del período post-apartheid, y ha anunciado que algunos serán terminados. Ecuador y Venezuela ya han terminado el suyo. India dice que va a firmar un acuerdo de inversión con los EE.UU. sólo si se cambia el mecanismo de solución de controversias. Por su parte, Brasil nunca ha tenido uno en absoluto.
Hay una buena razón para la resistencia. Incluso en los EE.UU., los sindicatos de trabajadores y del medio ambiente, la salud, el desarrollo y otras organizaciones no gubernamentales se han opuesto a los acuerdos que los EE.UU. está proponiendo.
Los acuerdos podrían inhibir significativamente la capacidad de los gobiernos de los países para proteger su medio ambiente de la minería y otras empresas; sus ciudadanos de las empresas tabacaleras que purvey a sabiendas un producto que causa la muerte y la enfermedad; y sus economías de los productos financieros ruinosas que han jugado un papel tan importante en la crisis financiera mundial de 2008. Restringen gobiernos incluso de colocar controles temporales de la clase de los flujos de capital desestabilizadores a corto plazo que tan a menudo han causado estragos en los mercados financieros y alimentado las crisis en los países en desarrollo. De hecho, los acuerdos se han utilizado para cuestionar las acciones del gobierno que van desde la reestructuración de la deuda a la acción afirmativa.
Por otra parte, si las garantías constitucionales no son suficientes para convencer a los inversores de compromiso de Sudáfrica con la protección de los derechos de propiedad, los extranjeros pueden siempre valen de seguros expropiación proporcionada por la Agencia de Garantía de Inversiones Multilaterales (una división del Banco Mundial) o numerosas organizaciones nacionales proporcionar dicho seguro . (Los estadounidenses, por ejemplo, puede comprar un seguro de la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero .)
Pero los que apoyan los acuerdos de inversión no están realmente preocupados por la protección de los derechos de propiedad, de todos modos. El verdadero objetivo es restringir la capacidad de los gobiernos para regular y corporaciones de impuestos - que es, a restringir su capacidad de imponer responsabilidades, no sólo defender los derechos. Las empresas están tratando de alcanzar a hurtadillas - a través de los acuerdos comerciales negociados en secreto - lo que no pudieron lograr en un proceso político abierto.
Incluso la idea de que se trata de proteger a las empresas extranjeras es un ardid: empresas con sede en el país A puede establecer una filial en el país B para demandar del gobierno del país de A. Los tribunales norteamericanos, por ejemplo, han declarado sistemáticamente que las empresas no tienen que ser compensados por la pérdida de beneficios de un cambio en la normativa (la llamada toma de reglamentación); pero, en el marco del acuerdo de inversión típico, una empresa extranjera (o una empresa estadounidense, que opera a través de una filial extranjera) pueden exigir una indemnización!
Peor aún, los acuerdos de inversión permiten a las empresas a demandar al gobierno sobre los cambios perfectamente sensatas y justo reguladoras - cuando, por ejemplo, los beneficios de una empresa de cigarrillos se redujeron por un reglamento que restringe el uso de tabaco. En Sudáfrica, una empresa podría demandar si se considera que su balance final podría por perjudicada por programas diseñados para abordar el legado de racismo oficial.
Existe la presunción de larga data de la "inmunidad soberana": los estados pueden ser demandados solamente bajo circunstancias limitadas. Pero los acuerdos de inversión como aquellos respaldados por la demanda de Estados Unidos de que los países en desarrollo renuncian a esta presunción y permiten la adjudicación de trajes de acuerdo con los procedimientos que se encuentran muy por debajo de los esperados en las democracias del siglo 21. Tales procedimientos han demostrado ser arbitraria y caprichosa, y no hay forma sistémica de conciliar resoluciones incompatibles emitidos por diferentes paneles. Mientras que los defensores argumentan que los tratados de inversión reducen la incertidumbre, las ambigüedades e interpretaciones contradictorias de estas disposiciones los acuerdos han aumentado la incertidumbre.
Los países que han firmado este tipo de acuerdos de inversión han pagado un alto precio. Varios han sido objeto de enormes trajes - y enormes pagos. Incluso ha habido demandas que los países honren los contratos firmados por los gobiernos no democráticos y corruptos anteriores, aun cuando el Fondo Monetario Internacional y otras organizaciones multilaterales han recomendado que se derogó el contrato.
Aun cuando los gobiernos de países en desarrollo ganan los palos (que han proliferado enormemente en los últimos 15 años), los costos de los litigios son enormes. El efecto (la intención) es para enfriar los esfuerzos legítimos para proteger y promover los intereses de los ciudadanos 'los gobiernos por la imposición de regulaciones, impuestos, y otras responsabilidades en las empresas.
Por otra parte, los países en desarrollo que eran lo suficientemente tonto como para firmar este tipo de acuerdos, la evidencia es que los beneficios, si los hay, han sido escasos. En opinión de Sudáfrica, se constató que no había recibido importantes inversiones de los países con los que ha firmado acuerdos, pero había recibido importantes inversiones de aquellos con los que no lo había hecho.
No es ninguna sorpresa que África del Sur, después de una cuidadosa revisión de los tratados de inversión, ha decidido que, por lo menos, deben ser renegociados. Si lo hace, no es anti-inversión; es favorable al desarrollo. Y es esencial si el gobierno de Sudáfrica es de aplicar políticas que sirvan mejor a la economía y los ciudadanos del país.
En efecto, mediante la aclaración a través de la legislación nacional la protección ofrecida a los inversores, Sudáfrica demuestra una vez más - como lo ha hecho en varias ocasiones desde la aprobación de la nueva Constitución en 1996 - su compromiso con el Estado de Derecho. Se trata de los acuerdos de inversión propios que la mayoría amenazan seriamente la toma de decisiones democrática.
Sudáfrica debería ser felicitado. Otros países, se espera, sigan el ejemplo.
• Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es profesor de la Universidad de Columbia.